Historia

La Fundadora y el Instituto

      El Instituto de la Bienaventurada Virgen María fue fundado por María Ward a principios del siglo XVII (1609) en St. Omer (Países Bajos).

      María nació en Yorshire (Inglaterra) en 1585 durante el reinado de Isabel I, cuando la persecución contra los católicos en ese país estaba en todo su apogeo. Su familia, perteneciente a la nobleza rural, fue perseguida por su fe católica. Ella, durante los primeros veinte años de su vida, tuvo que peregrinar por diferentes casas de la familia, lo que, sin duda, contribuyó a forjar su carácter y personalidad.

      Sintiéndose llamada a la vida religiosa, fue elegida por Dios para ser pionera en la obras de la Iglesia, comprometida con la defensa de la fe y dispuesta a conseguir la mayor gloria de Dios en el mundo.

      Admiró la obra de san Ignacio de Loyola y supo, como pocas mentes clarividentes de su siglo, que su misión era educar cristianamente a las jóvenes del mismo modo en que se educaba a los varones. Para ello necesitaba romper con la clausura que se imponía a las religiosas, adelantándose así a su tiempo y trabajando por el Reino de Cristo de una forma en que las autoridades de la época no podían tolerar en las mujeres de entonces. Y lo hizo con confianza total en la capacidad de la mujer, convencida de que era lo que la Iglesia necesitaba.

      Con un grupo de mujeres inglesas trabajó en Londres, pero no fue hasta llegar a  St. Omer, donde años antes los jesuitas de Inglaterra también se habían establecido, que pudo comenzar su obra. Recorrió Europa fundando colegios y luchando por la aprobación de su Instituto, que  fue  suprimido en 1631 por el Papa Urbano VIII en una de las más duras Bulas dictadas por las Santa Sede; y María Ward fue condenada por la Inquisición en Alemania.

      Tres grandes gracias habían de formar el carisma del Instituto: 

  • la gloria de Dios como fin 
  • el apostolado en el mundo como medio 
  • la orientación total hacia Dios de los miembros dentro del marco de Libertad, Justicia y Verdad.

      Su Familia religiosa fue el anuncio de los nuevos tiempos en la educación, siendo presentada María Ward como magnífica adelantada de las obras de cultura para la mujer y como creadora de nuevos estilos de formación humana y de progreso de la persona según las necesidades de los tiempos.