No es la primera vez que tengo que despedir a una amiga, o a una compañera de trabajo, pero en el caso de Sandra tuve que despedir a una amiga y compañera, por lo que fue doblemente duro. Como profesora, el cariño con el que hablan de ella cientos de alumnos, habla por sí solo. Como amiga, no se podía ser más coherente, más honesta y más buena persona, siempre pensando en todo el mundo antes que en ella. 

Y ahora ya no estás, pero sí estás, mientras estemos todos los que te conocíamos, tú también estarás.

 

CARTA A UNA AMIGA

Querida amiga, 

“My darling”, como me llamabas tú cuando me decías algo con cierta ironía, hace tiempo que te debía esta carta, porque hace tiempo que quería contarte lo importante que has sido en mi vida.

 La primera vez que nos cruzamos fue en COU, y aunque ahí no coincidimos mucho, me sirvió para aprender a escribir correctamente tu apellido.  Luego volvimos a coincidir en la carrera, pero ahí también íbamos por caminos distintos. El destino nos dio una nueva oportunidad y nos encontramos en el trabajo, y ahí fue ya donde nos convertimos en “Pili y Mili”. Recuerdo esos viernes que nos quedábamos a la salida para organizar las clases de 4º porque teníamos que dar y hacer exactamente lo mismo, tú, tan detallista, con esos maravillosos cuadernos que eran la envidia del Departamento, que tan generosamente nos diste y que todavía seguimos usando. ¡Cómo nos reíamos! Y ya no estás.

Vivías los Sports de una manera que yo no comprendía, y que poco a poco me fuiste enseñando. Ese día, aparecías con tu pañuelito amarillo, y sin dejar de organizar al alumnado, no te perdías ni una tabla, ni un juego. Vibrando con cada punto que ganaba la casa de Javier. Y ya no estás.

Luego vinieron los tiempos del Equipo Directivo, los viajes a Madrid, las reuniones interminables y cada vez que había un evento en el colegio, eras omnipresente, la primera en llegar y la última en irte, supervisándolo todo, para que todo estuviera perfecto, como a ti te gustaban las cosas, perfectas. Y ya no estás.

Los cursos del CEP nos dejaron gratísimos recuerdos, como aquella vez que estábamos en medio del campo y tu tratabas de enseñar a pronunciar la palabra “book” a nuestro querido Antonio, a quien le había dado entonces por aprender inglés, casi te ahogas en el intento, ¡cuántas risas! Y risas también cuando nos dio por hacer gimnasia Y nos apuntamos a “Curves” ¡era para vernos en los circuitos! Y cuando entrenábamos con Marek que casi me estampo contra una colchoneta y a ti te iba a dar algo. Y ya no estás.

Nos tocó también pasar momentos tristes y las dos tuvimos que despedir a miembros de nuestras familias y también ahí nos apoyamos. Nunca olvidaré el día que, acababa yo de enterrar a mi madre y me llamaste por la noche y me preguntaste si quería que vinieras a mi casa. Te dije que no, que no te preocuparas, que estaba bien, que iba a ver una peli y a acostarme. “¿De verdad?” me dijiste, “¡de verdad!” te respondí, y colgamos. Al ratito sonó el telefonillo y cuando contesté me dijiste “estoy aquí con una botella de vino y un papelón de jamón, si quieres, subo, si no, me voy” y subiste y nunca te dije lo mucho que agradecí ese gesto tan tuyo, cómo llenaste de calidez la que iba a ser una noche tan fría. Así eres tú, amiga, siempre pensando en los demás. Y ya no estás.

Y de tus alumnos ni digamos, con algunos llegaste a ejercer de auténtica madre adoptiva. Y esa entrega tuvo sus frutos el día de tu funeral. Te habrías sentido muy orgullosa de verlos a todos allí, tan mayores y responsables, en respetuoso silencio y con un lugar en su corazón para ti. Y ya no estás.

Se me agolpan los recuerdos…, cuántas veces tuvimos que parar el coche en el arcén porque con las risas no podíamos conducir. Cuántas veces me dijiste “no me dejes hablar, si hablo me das una patada” y cuando te la daba, seguías hablando y cuando te daba otra patada te volvías y me decías: “¡Estate quieta ya! ¡No pienso callarme!” ¿Te acuerdas? ¡Qué persona más auténtica y más coherente! Coherente con tu vida y con tu fe. Con que fuerza lidiaste con la enfermedad y cuánto te costó renunciar a enseñar, de hecho creo que sólo lo hiciste en el último momento, y si lo hiciste, que tengo mis dudas. Y ya no estás.

Y el 3 de octubre me tocó despedirte a ti, tan pronto y tan rápido, no lo podía creer. Y ya no estás. Pero nunca no estás, permaneces en el cole con todos nosotros, y siempre estás.

Gracias por ser mi amiga

Hasta pronto.