A mi compañera y amiga Rosabel.
Escribir sobre ti es un lujo. Hemos sido compañeras de distintas etapas y, además, hemos estado muy vinculadas por  nuestra gran pasión, la música.
Tú como gran artista, yo en el anonimato, hemos disfrutado mucho.
Esta carta es de agradecimiento por la gran labor que has realizado y por la gran ayuda que me has prestado siempre.
Puedo destacar de ti muchas virtudes: una profesora que sabía transmitir los valores de la música, una organizadora incansable de las meriendas solidarias, dedicándole todos tus mediodías,  una directora del coro del colegio, de la Escolanía Pueri Hispalense y  de los profesores. No quiero olvidar tu gran voz. He disfrutado escuchándote en muchas ocasiones  y, como no, tocando magistralmente el arpa.
Quiero hacer una mención especial al coro del colegio que tan bien dirigías. Con esas voces angelicales que solo tú sabías modular, y que nos acompañaron en las celebraciones de Navidad, “Misa del
Gallo” y Primeras Comuniones.
Los niños y niñas tampoco podrán olvidar los premios que les hiciste ganar en los concursos de villancicos. Las madres del alumnado que componían el coro dan fe de cómo los motivabas, cómo establecías con ellos tal conexión que una sola mirada era suficiente para que iniciaran el canto o para que saludaran al terminarlo.
La participación en la ópera infantil “Hansel and Gretel” en el  teatro Maestranza, o en el “ Proyecto Luna” en el auditorio de la Cartuja (hasta me hiciste cantar contigo) quedarán para siempre en el recuerdo de aquellos alumnos y alumnas que convertiste en grandes aunque pequeños actores. Todavía hoy, en la puerta de entrada de nuestro salón de actos está colgada una foto que rememora aquella fabulosa representación.
Para ti, cuando se trataba de música, no había tiempo de descanso. Niños y profesores pasamos recreos enteros ensayando villancicos, las canciones del coro para próximas celebraciones e incluso preparando las actuaciones de la merienda solidaria. Estas últimas se convirtieron en uno de los momentos más deseados del año por nuestro alumnado cuando tú tomaste las riendas.
Nunca dijiste no a ninguna actividad musical que se te propusiera. Nosotros lo sabíamos y acudíamos a ti cuando se trataba de organizar los festivales de fin de curso que tanto gustan a nuestros niños y niñas. Tu escolanía Pueri Hispalense (que tanto te ha llorado, y que he tenido la gran suerte de conocer y disfrutar en diferentes conciertos), ha colaborado contigo en tu gran labor humanitaria. Ellos aportando sus voces, tú dirigiéndoles como la mejor de las directoras.
El viernes 22 de diciembre después de tu visita al hospital viniste al colegio. Teníamos nuestra oración y la comida de Navidad. Querías estar con todos para despedirte. Todo el equipo educativo sintió el gran esfuerzo que hiciste en venir. Tus amigas que siempre te acompañaban querían transmitirnos fortaleza y seguir hacia delante, no sé si llegaste a darte cuenta de que muchas tuvimos que reprimir las lágrimas. Pasamos un buen momento, volvimos a cantar y nos hicimos la fotografía que con tanto cariño nos pediste.
El recital de villancicos, estas navidades en el convento Madre de Dios, fue lo último que te pedí y una vez más me lo concediste. No me podía imaginar que iba a ser el último. Me pidieron las monjas del convento si podía interceder para que tu coro cantara porque disfrutaban mucho escuchando las voces infantiles. No me atrevía a pedírtelo, sabía que ya estabas muy enferma, pero tú sentiste esa llamada, esa necesidad de hacerlo y fue maravilloso. A los allí presentes nos pareció estar en el mismo cielo.

Nuestro último encuentro, en el Festival solidario de la canción M.W., viniste como madre a ver a tu hija. Quedamos en vernos y pudimos abrazarnos.

Rosabel, mujer artista, luchadora y generosa, estarás siempre presente en el corazón de tu familia, de tu amigos, de tus compañeros,  de tus pupilos y de tus alumnos y alumnas. Nunca te olvidaré y te seguiré sintiendo en todos esos momentos que suene la música que tanto hemos vivido y disfrutado.

Julia Gutiérrez